Te miro.
Me miro.
Escucho atentamente
tu respiración
y tus palabras en idioma
incomprensible.
Me abriga tu sonrisa
-sin dientes-,
y me embarga de sonrisas
-de esperanza-.
Te miro.
Me miro.
Voy hacia atrás
y no comprendo la vida
sin tus manos.
Miro al futuro
y pintas todos los arcoíris
de la tierra.
Te veo.
Y no lo creo.
Estuviste en mi vientre:
adormecido,
arrullado,
mimado por las manos del Universo;
y en contra de todos los pronósticos,
y de todos los augurios
te hiciste dueño y señor de mi existencia,
te hiciste Milagro.
te hiciste Guerrero.
te hiciste Marfil.
Y llegaste puntual a la cita:
Lunes cuatro a las cuatro de la tarde.
Tomaste tu primer respiro.
Lloraste.
Lloramos.
Nacimos.
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