En el interludio del canto de los pájaros
cae la tenue lluvia que moja los anhelos,
llevamos la mirada, sin ganas, a la nada,
hacia la incertidumbre de nuestras agonías.
Rompemos las promesas del amor
y del delirio
que otrora consagramos en la piel
y en la memoria.
Y estamos en silencio,
la mirada está perdida,
el corazón se ha partido,
el alma, deshojada,
los sueños macerados,
el corazón en tinieblas
y la lluvia que arrastra,
sin querer, nuestras lagrimas.
No tenemos ya más nada que decirnos
pues el triste adiós la voz nos atraganta;
es preferible dar la espalda y seguir los caminos
y dejar que las lágrimas nos sacudan el alma.